lunes, 10 de noviembre de 2008

Canción de cuna para el niño Saúl Octavio.

Soberbia tu postura ligera es al viento,
pulso de sicaria navaja sobre la carne.
Bailas, y el más extraño placer provocas,
presencia contraluz, semejante a huellas
de patadas en el blancor de una pared.

domingo, 9 de noviembre de 2008

domingo, 2 de noviembre de 2008

Nómada

Llegará el día en que fastidiaremos
nuesto apetito con la mariconería
de un silencio en nuestros cuerpos.

Enjutos tus brazos buscarán mi regazo,
cansado de esperar otra más de tus
fiebres de niño sin madre.

Extraño será que te busque. Sé que
te iras cuando duerma y de mi boca
escurra la lluvia de agosto.

Aún estamos a tiempo, así que toma
mi cabeza y húndeme en el lodo
del inacabado amor de una luna

que ya me veo despertar para arrullar
entre mis manos un puñado de salada angustia.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Cadetes (Teatro Rubén Darío)

¡Muchachos, asqueados de amar a estéril patria!
No vayan de guerra esta noche,
atentos a mi espalda quédense,
encantados por el brillo de la blanca luz artificial.

El infantil arrojo en tierra extraña se desangra
si discreto sigo sus pasos a los perfumados
urinarios del Rubén Darío, donde sus duros rasgos
son sólo las cicatrices de una pederasta burguesía.

Mas de su juventud virgen guerrera es la sonrisa
cuando alegres desenvainan flácida espada mulata.
Triste suspiro de gentil bragueta almidonada
que altiva se cierra ante el placer temblante.

Al beato negror del charol en sus zapatos
pido auxilio, rezando al Dios de los que hacen
el amor a tientas. Torpe amante de muchachos.
Incansable admirar de sus ojos, sus bellos ojos.

Y ya tibia cae la noche en Managua mientras nueve
cadetes me ven salir tropezando hacia el mordaz
malecón.

jueves, 25 de septiembre de 2008

domingo, 21 de septiembre de 2008

Presencia

Qué hay detrás de tu sonrisa, ciclista que alargas las horas,
si apocado me alojo en la morada extranjera de tus ojos
cuando de noche hambriento ejecutor soy de mí mismo
y el viento de octubre escribe las vocales de tu nombre.

Vertical deseo es tener el cuerpo lívido en tu almohada
que de cama en cama doy empastillado hasta en el sueño.
Pero tú… sólo hablas del tiempo, y yo no pienso sino en
el temblar de tus muslos. Mas si sonríes larga es la noche
delante de ti ciclista y más larga la agonía de amanecer
abrazado a tu sexo.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Con los días contados

¿Recuerdas agosto? Aguardabas paciente mi llegada.
Dijiste "feliz cumpleaños... te compré flores".


Herido sobre el techo de mi lengua,
vienes de entre fantasmas a posarte.
Ahora que liviano verdugo eres de mí
y la torcida necesidad de poseerte
no es más que una canción de cuna
engatusada por el tedio .

En cambio yo, ejercito el cuerpo,
lo regalo a todo aquel que sienta
en el alma un grito e incendio
la ciudad con la mirada, buscando
al nuevo nombre que enjaulado
estará en la furia de mis versos.

lunes, 25 de agosto de 2008

El flujo de la semilla.


Regalo inesperado de mi más joven amante.
Ardiente justiciera que lenta resbalas tu espesa
lagrima en la uretra.

Dolorosa y blanquecina venganza del Eros.
Deslenguada infección del amigo que incendió
mis cuarteados labios.

A cuántos vestías de seda con el doble prepucio
de tu lengua que hoy tengo infestada de amargas
pastillas la garganta.


Pero, ¿sabes? Espero estés bien, y mientras disuelvo
el Ciprofloxacino en la saliva, Patsy Cline me canta:
Crazy, I’m crazy for feeling so lonely…

miércoles, 23 de julio de 2008

La memoria del prestidigitador

Nuevamente acudo a ti, tundida
memoria de los días de mi vida.
Ahora que lejos ya estoy del amor
furtivo, distante de la cándida sala
de vapor, distante de la seguridad
del cuarto obscuro donde el nitrito
amílico acariciaba las fosas nasales.

Porque esta noche, semejante
a un susurro llegaste ante la puerta
del antiguo deseo. Y rasguñando
tu rostro de madre escribo al sensual
talle de un joven que lento
seguí entre la sofocante niebla.

Renací en el nido de tu boca,
vi la vida pasar frente a tu bostezo,
fuiste un hada que vestía de escamas,
el roce de un ave con las alas petrificadas.
A ti este último poema ondeando en el
mástil de mis noches de insomnio, a ti:
pugilista que sigues dibujando corazones
con la negra tiza de tu cuerpo.
A mí… en la osadía de querer calzar
tus zapatos bajo la lluvia.

martes, 22 de julio de 2008

Fleur du male

Duele mirar mis negros ojos frente al espejo
mientras un extraño de manos suaves dice
saber cuándo fue la última vez que dormí
abrazado a mi histeria y sus espasmos.

Las palmas manchadas de presagios, prendidas
a esos oscuros tallos que son mis cabellos.
La nuca ensalivada con tres rimas moribundas.
Un tibio arnés de armiño pesando en mi espalda.

Mi madre dice que estoy mal alimentado… ojeroso.
Yo digo que es el invierno – y es que odio tener
que cubrir el cuerpo en una ciudad que se consume
en la boca de los tragafuegos–

Busco la paz que da la melancolía acercando
el polen obsceno de mi miedo a sus labios.
Él lo escupe una vez más en mi pecho
porque sabe que no lo merece.

Este silencio

Niño de limpia mirada: sólo tú sabes
por qué este llanto entre las manos.

Ángel de la tragedia, aún te reconozco.
Ladrón que llegas en medio de la noche,
es mi lengua quien te ha abierto la puerta.

Absorto, inerme estoy ante esta lucha
que son tus ojos.
No pude salvarte del crimen incierto
en el que me he convertido.

Ni espero más tu espada seduciendo
mi garganta.
En tu coraza herrumbrosa, mi estéril
cuerpo ya se camufla con el tuyo.

domingo, 6 de julio de 2008

Aparición de San Sebastián

Ven
cálida
noche
alma
colmada
de intentos
Ven
libera
estos
pájaros
de mi cabeza
Ven
ahora que
el cuerpo
es la gota de sangre
en el puñal del asesino.

Obituario

Yo fui.
Columna ardiente, luna de primavera ,
Mar dorado, ojos grandes.
Luis Cernuda


Niño de escasas palabras,
soñé con el amor desde el segundo grado.
Siete años y ya escribía terribles frases,
mirada perdida en la brevedad de su boca.


¿Amor? “Discurso de maricas”.
Y por primera vez un golpe me supo dulce.
Pero mi hombría no la aprendí en batallas,
me la obsequió la noche, sus estrellas, Tú.


Melancolía: me has envilecido.
Embriagado por el lento beso de la ilusión
escribo a funestos ojos marchitos,
a unos pies desnudos y a blancos mosaicos.


Cuerpo frío como un cadáver,
sé que aún llevas tristeza a los que te aman.
En el recuerdo eres lo más bello. Lánguido
apareciste en un día de junio. Sí… fuiste junio.

Hoy, no es el amor quien muere,
es tu sangre que tiñe plumaje de palomas,
son tus huesos que palpan otros cuerpos,
eres tú, buitre solitario, roedor de ti mismo.

martes, 3 de junio de 2008

Naruraleza muerta

Yo creí en la fatalidad de tu mirada
y en el tosco infierno que al tratar
de convencerte me esperaba.

Eras hermoso. Tumbado en el mármol,
encogido como un cachorro. El húmedo
pelo sobre tus hombros. Árida tu barba
guardando la distancia entre tus labios
cual perezoso ejército de negros soldados.

Pero al despertar cometiste el peor
de los crímenes. Fuiste tonto al acercarte
y rozar mi falo en tu mejilla...
porque entonces tus erguidas falanges fueron
dorados terciopelos cubriendo un par
espuelas y el cielo cayó sobre mi cabeza
mientras San Miguel Arcangel peleaba mi
cuerpo con Satán.

viernes, 30 de mayo de 2008

A Mariapia Lamberti

Maniquí
en Chanel
me dijo:
"Sergio;
Qué desastre".

lunes, 19 de mayo de 2008

La libido de los ciegos (Saúl y yo)

Palpando la delgadez de un cuerpo nuevo
damos el tiro de gracia a la estéril
virilidad de la esperanza.

Los dedos del amante en nuestras bocas,
sus labios adorando el fiel espectro
del acné adolescente.

Sentados a media noche con los ojos en blanco.
Heridos por las piedras que arrojamos al espejo
hace un instante.

Sin esperar el tren que nos llevará a casa.
Respirando el aire salado de otro invierno
que nos entibia los huesos.

Y te pregunto: hermano.
Qué tienes más vacio... el estomago o el alma.

lunes, 12 de mayo de 2008

Nocturno I

Yo maté por unos ojos de un bello indiferente
que nunca comprendió mi contenido amor…
Jean Genet.

Dejando atrás las palabras, maldije el poder salvador de la poesía.
Salí en busca del calmo placer que lento anestesiara mi apetencia
y en cuartos rentados fui botín de guerra del joven piel vidriosa,
consumido por la mordida de un amor que moría junto a las sábanas.
Así que esta noche regreso atragantado por la voluptuosidad del cuerpo
ya inexperto. Derrotado, contando a los que me aman con los tres
temblantes dedos de una mano.

¡Oh furtividad de los perennes días! No te olvides de tus fieles aliados:
los que nacimos mirando hacia el cielo, diestros, prestos al matadero,
hijos pródigos de una hoja en blanco que burlona nos abre los brazos.

domingo, 27 de abril de 2008

Memorial

He quemado mis pies calzando
el plácido fuego de tus pasos.

Cálidos como un nido, sueños
adolescentes se desploman.

Chorros blanquecinos olvidados
en amargas oquedades.

Y ahora ya no puedo traducir
nuestra historia malsana.

Me cansé de esperar en cuartos
atestados de ciegos.

Mejor es que no me busques
el alma porque no tengo.

Ya nada me liga a ti: rumor
de un encuentro demacrado.

Salvo mis labios en la mortaja
de tu extinta epilepsia nocturnal

78 palabras

A Saúl Gurrola.

Niño–fuego:
insolentes ojos
de lunas destructoras.

Cuerpos ahorcados
se balancean en tus
oscuros cabellos.

Mírate, eres cascabel
que abrasa serpientes
perfumadas.

Labios bermejos
cual carbón encendido.
El aguijón de una araña.

Te llevo en el pecho
bailando ligero tu canción
entre flores sangrantes.

Miré arder tus ojos.
Temblaron mis manos
al abrir el secreto.

Niño–herido:
Hombros machacados
por lo innombrable.

San Sebastián
arrancó sus flechas
y te dio un último beso.

jueves, 17 de abril de 2008

Viernes, siempre viernes

Si la mudez del nocturno deseo no puede dormir
en la cama deshecha de tus labios, dejadme pues
desaparecer en viernes, entre los débiles insomnes
que con foulard atado al cuello, merodeando buscan
alivio en el mercado de las manos nerviosas.
Adornando sus cuerpos, rotos por el hedor taciturno
de unos ojos imberbes que embriagados se atrevieron
a probar el ajenjo de sus bocas.

miércoles, 16 de abril de 2008

La rebelión de Narciso

A Ken Martin.

Tengo envidia de ti
de tu puta flexibilidad
de tu equivocación entre el verbo ser y estar
de tu leche deslactosada en el cereal
de tu voz cuando me cantas
de tu par de tenis sucios y gastados
de tu hernia moribunda
de tu antiguo número telefónico
de tu acento sin acento
de todos y cada uno de tus mapas
de tu boca sorbiendo el café
de tu juego perdido de llaves
de tu pecho esperando mi cabeza
de tu crema líquida en los pies
de tu última micción outdoors
de tu foto que nunca me enviarás
de tu incansable máquina de afeitar.
Tengo envidia de no ser tú
y tu camiseta con el blanco olor del semen
tu reloj que se atrasa un par de horas
tu accidentado paseo en bicicleta.
Tengo envidia de ti, de no ser tú y no saber
cómo escribirte, sin que me tiemble la mano.

martes, 15 de abril de 2008

Lo incompatible

I
La ausencia de tus flancos
trepana el tuétano
de mis noches insomnes.

Húmeda mordaza
la melancolía.

Espalda macilenta
cual begonia de hojas
acorazonadas.

II
Tus flancos
begonia de hojas
insomnes.

Cual macilenta mordaza
la melancolía trepana
el tuétano de mi espalda.

Ausencia húmeda
noches acorazonadas.

Heme aquí... desnudo

Ahora que mi fe camina lenta
atada a la soga de otros ojos,
rechazo a aquel que me hace
ofertas.

Los pasos, vacíos de sus rasgos,
no van hacia donde me espera.
Pues el amor se ha vuelto pobre…
y se lastima.

Mas no hay tristeza en mi boca
y de mi fresca saliva emerge
tu nombre como ese pez
de piel satinada.

Sabes que empalidezco de día,
que ando con el torso desnudo
y la nariz sangrante bajo una lluvia
de contradicciones.

Y me amas…

Tuyos son mis versos,
quizá mal logrados pero tuyos.

Anatomía de un sueño provocado

Que la ausencia no nos haga caer
en el abismo oscilante del olvido
y el eco de mi voz sea solamente
la sombra de un caduco recuerdo.

Eres tú el de hermosa sonrisa,
el que arrastra su lengua entre
mis dientes borrando las huellas
del espanto.

¡Oh, esta noche ven a mí a través
de las sábanas, despierta al sueño
que provoca esas punzadas
en el bajo vientre!

Descalzo llévame a tu isla viril
donde al llegar me despojas
de la quemante camiseta.

Que tus dedos se vuelvan ávidos
aguijones y se claven todos
en mi espalda morena

humillando a la belleza del amanecer
con las huellas de una última lucha
entre dos cuerpos iguales.

Línea 3

Cuando el tren se detiene
el deseo torna indecisa
una sombra que se desvanece.

–pusilánime–

Sueño
una piel que se dibuja entre
mis dedos, castas cintas azules
trenzadas en bíceps morenos.

Nunca
me sentí más vivo. Mustio
me abandono al juego, sabiendo
que después morderé mis labios.

–Iluso–

Mejor es que ahogues ese
dócil sueño en el bolsillo.
Un par de monedas,
y ya estás jugándote la vida.

Licénidos

Entre paredes revestidas de mujer
un par de mancebos acalla su fiebre.
La casta puerta cerrada prensando
el tiempo. Arrogante, inacabable.

Sobre un buró, relojes contemplan
fascinados los versos apenas leídos,
ahora atrapados en los maternales
pliegues de las sábanas.

Él decía: “Me gusta ese silbido”
–era el afilador de cuchillos–
Él decía: “yo soy ausencia
en presencia... un fantasma”.

Sus voces descoloridas colgaban
de las blancas cortinas hechiceras.
Y el viento más fresco escribía
en sus frentes mensajes indescifrables.

La tarde entró sin avisar, rozando
la ciudad con un sol casi otoñal.
Cogieron sus ropas y enjuagaron
sus cuerpos delante de los perros.

Al despedirse intercambiaron
guiños abriendo los brazos.
Y por primera vez, la poesía
dejo que la vida la observara.

Su nombre es Ken… Kenneth.
Del de pestañas profundas

nada sé.

A Dario Bellezza

Inútil maldecir tu ausencia
ahora que te conozco.
Y el grato vagar estéril
que proclama infortunios.

Tú, que amaste tempestades,
te apareces en mi cabecera.
Con las manos tendidas al aire
besas mi frente ceñida de ti.

Yo, que aún duermo con muertos,
quisiera abrasar las noches,
cuando detrás de esa puerta
en silencio te esperaba

Baños Finisterre

A Luis Roberto Vera.


Negras moscas coronan un trozo
de carne tendido en mármol.
Nudo de miembros y cuerpos gastados
me acaricia desesperado.
Lasciva Babel se levanta ante un Dios
que ya no hace milagros.
Las puertas se abren y su sonido
atormenta todos mis impulsos.

En el rostro, el sudor disfraza el
llanto de una ingenua adhesión.
Miro el cuerpo desnudo y la cicatriz
de cuando caí de puro amor.
Entre la cálida niebla leo mis nostalgias
como si fuera en braille.
Frente al espejo empañado, el corazón
es bermejo puño cerrado.

Con los pies cansados busco consuelo
en ambientes clandestinos.
Con manos vacías me abandono
en un cuarto de mosaicos blancos.
Soy hambriento mendigo que halla
tu dulce mirada entre despojos.
Apenas cubierto por una burda tela,
henchido de Penna me encuentro
en la blancura del urinario.

Viaje circular (lo que queda del sueño)

Mientras dormías
quise robar tu sueño al alba:
huir con el cuerpo desnudo
hacia desiertos de sombras.

Leer tu nombre
en la punta de la lengua.
Amamantar los deseos
de mi viaje imaginario.

Pero tu sueño
era un remordimiento.
Pesado como una perla
en un lecho de pestañas.

El alba sonrió,
tenía ese brillo insolente:
“jamás lo poseerás,
basta que abra los ojos”.

Ahora duermo de pie
descifrando arcanos al viento,
cegado por los espejos
que escondo entre las uñas.

Soy vigía
de un péndulo sonámbulo.
En vano hiero a la noche
con el alma y pies en celo.

En vano
te busco en pálidos vientres.
Porque perdí la brújula
que apunta a tus lunares.

Mientras dormías.

Ganancias y pérdidas

Porque mi padre fue Caín
ella espantada se sonroja.
Porque duermo con Cavafis
y un puñal bajo la almohada.

Porque creo en la quiromancia
de un joven rostro sin ojos.
Porque de noche el insomnio
me arrulla con voz de varón.

Porque el furor del Apocalipsis
camina conmigo de la mano.
Porque en esta ciudad de nubes
odiosamente blancas soy poeta.

Si beberme el Tíber se asemeja
a fundirme en tu saliva, abriré
hoy mi boca de neonato en
busca de la tibia aureola materna.

Twins

A S. R.

Te miro de lejos…

bajo la perfección de una regadera
que insanamente me consuela.

Siento tus pasos, semejantes al grito
estridente de un par de tambores.

En tu cuello, soldado, presumes amorfo
collar de tibias perlas viscosas.

Y me revelo en tus palmas, cuando hastiado
te acercas: chaval ojos de fiebre.

Pronuncias palabras y de tu inerte boca
emana el acedo olor a tragedia.

Blancas sandalias manchan mosaicos
con el fango del amor no correspondido.

Historia de tus días es lapidar con besos
el flotante lecho a los hijos de Sodoma.

Tienes treintaitrés…
¿Y sabes qué me da más miedo?

Que tengas mi nombre.

Memento

Arrojaré tu recuerdo
como el mendigo arroja la flema
que duerme en su garganta.

Recogeré los restos
de mi naufragio y levantaré
mis grandes ojos una vez más.

Esta tarde llueve,
en tu nombre vendí el corazón
a un joven carnicero.

A cambio me dio flores...

flores blancas.