lunes, 30 de noviembre de 2009

Qué sabes tú de mí
si cuando me besas
enroscas la lengua
y cerrando los ojos
me tocas el pecho.

Tus manos tiemblan
por no sentir
el pulso de una
carne viva.

Qué sabes tú de mí
si cuando te leo
mis versos sólo
tuerces la boca
y sonries cansado
de fingir que sabes
del juego del amor.

¡Me largo!
Tienes la flojedad
en la carne y luego
vas a casa a llorar
tu castrada diferencia.

Decías que me amabas
y desapareciste como
el maleante que se
traviste de madre
antes de entregarse.
Sentaito en la escalera
esperando un porvenir
pero el porvenir no llega
y me abandono a sufrir.

Sollozo desde un escalón,
o peldaño o lo que sea
y sufro porque no tengo
un amante que me desea.

Si yo subo la escalera
uno soy con las alturas
si yo bajo la escalera
hablo con monjas y curas.

Hoy soñé con mi escalera
y vi una mañana soleada
sobre mis hombos dos aves,
sobre mis hombros cagada.

Ya deshago la escalera
me la llevo hacia la nada
como un tálamo deshecho
veo una novia acicalada.

Me revuelco sin razón
subo y bajo disoluto
y es que no puedo evitarlo
tengo el corazón de puto.

Y así es mi escalera
surrealista como pocas
no de caracol, sino
de sedas y rocas...

Y aquí te abandono poema,
ya me canse de esperar,
sentaito en la escalera
viendo la vida pasar.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Nubosidad variable

Dádiva otoñal.
Infecto gañido de una agrietada
poesía que se sabe víctima ruin
estacionaria.

Ensortijada flojera.
Brisa inasible balbuceada
al aire.

"Bang-bang"
el reloj de la razón.
"Tic-Tac"
el retórico revólver.

¡Me largo!
Sólo estoy buitreando
el condumio de los bardos.
Y que caiga sobre mí
-poetastro-
el poema como un vieja
losa desde el salobre
cielo nuboso.

lunes, 23 de noviembre de 2009

A mi madre ya cansada

Padezco la lejanía. ¡Madre!
Hoy que besuqueo al amor
por la espalda y el hado
lleva hacia otros rumbos

donde te llevo conmigo.
Y tu cuerpo cansado,
tus anchos pies detrás
de los míos.

Te dejo con tu mirada
perdida. Con el eterno
sufrir porque no salvas
a tus frutos de aquel
que te los arranca
uno a uno.

Madre: si sólo pudieras
desistir del sempiterno
dolor, sería yo el más
feliz de tus vástagos
porque tu tristeza cala
también sobre la mía
que igualmente se vuelve
hacia mi rostro.

Me despedí con palabras
entrecortadas,pájara
enjaulada en tu doler
por vernos partir hacia
unos brazos que no son
los tuyos.

Pero te llevo en mi
memoria, en mi cuerpo
que huele a ti
y a los nardos que tanto
amas, a tus canarios:
matinales cantarines.

Toda tú estás en mí
y en todo lo que hago.
Me hace falta tu brío
de soldado emperifollado
con melancolía.
Decifro mi conciencia
pensando en tus ojos
pequeños como de pájaro.

Regresaré contigo y tu
tristeza.
Regresaré porque me pesas
en el alma si no te veo...
Diré al mundo tu nombre
con todas sus letras, sin
morderme la lengua. Sabrán
entonces que fuiste no sólo
madre sino guerrera ciega
en el dolor de vernos caer
en lo que tú llamaste error.

Pero aun así, esos hijos
te extrañan y te besan
la frente desde lejos
donde se confiesan fieles
al amor que tú les diste.
Cambio de piel como las serpientes
dedicadas a invernar su flojera
en lugar de morder a su presa.

Voy por la vida creando imágenes
que después se vuelven monstruos
al rededor de esta tensión
con rostro de presencia.

Asi que si hoy termina esta aventura,
tranquilo estoy por haber bebido
el sabor de la victoria en los labios
y como esa primera vez en la que te vi
llegar entre la gente, me despido de ti,
deseando que tengas tantas mañanas soleadas
como aves revoloteando sobre tus hombros.