Arrojaré tu recuerdo
como el mendigo arroja la flema
que duerme en su garganta.
Recogeré los restos
de mi naufragio y levantaré
mis grandes ojos una vez más.
Esta tarde llueve,
en tu nombre vendí el corazón
a un joven carnicero.
A cambio me dio flores...
flores blancas.
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