Llegará el día en que fastidiaremos
nuesto apetito con la mariconería
de un silencio en nuestros cuerpos.
Enjutos tus brazos buscarán mi regazo,
cansado de esperar otra más de tus
fiebres de niño sin madre.
Extraño será que te busque. Sé que
te iras cuando duerma y de mi boca
escurra la lluvia de agosto.
Aún estamos a tiempo, así que toma
mi cabeza y húndeme en el lodo
del inacabado amor de una luna
que ya me veo despertar para arrullar
entre mis manos un puñado de salada angustia.
1 comentario:
evoca imágenes de angustia... no lo menciono como algo negativo, sólo lo que me provoca, es muy sentido.
saludos
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