¡Cuántas veces tu cuerpo ha encendido mi deseo!
Ninguna distracción te abandona de la mente
y arde mi añoranza por ti mirándome desnudo.
Mi corazón tímido era: un ojo detrás de la mirilla.
Pero hoy de tu saliva bebo el sensual nectar.
Y si la lluvia se estrella en mi ventana
te recuerdo erguido, al igual que la pluma entre mis dedos,
y tu sexo suave narciso es entre mis labios.
Yo, que no soy piedra, sino camino que cruzan al pasar los pies desnudos, muero de amor por todos ellos; les doy mi cuerpo para que lo pisen, aunque les lleve a una ambición o una nube, sin que ninguno comprenda que ambiciones o nubes no valen un amor que se entrega. Luis Cernuda.
martes, 30 de junio de 2009
miércoles, 24 de junio de 2009
12:30
Disparas contra mí
calzando tus viejos zapatos achatados.
Te dibujo enfurecida
con tus minúsculos ojos acuosos, estallando
como un choque entre galaxias.
Quizá maldices la menarquia
y te apegas a un Dios que te lastima.
Mientras yo soy un soldado
acorazado en la espera de una guerra.
calzando tus viejos zapatos achatados.
Te dibujo enfurecida
con tus minúsculos ojos acuosos, estallando
como un choque entre galaxias.
Quizá maldices la menarquia
y te apegas a un Dios que te lastima.
Mientras yo soy un soldado
acorazado en la espera de una guerra.
viernes, 19 de junio de 2009
Divagación sobre dos temas
Es Ben Sahl de Sevilla
quien me sacude el sueño,
un libro y la parva luz
encendida hasta tarde.
-Comezón del corazón-
Me tumbo en el tibio lecho
y en la mente tú: lánguido
ácaro maternal que succiona
toda posible tranquilidad.
Luego el sueño... deshabitado.
quien me sacude el sueño,
un libro y la parva luz
encendida hasta tarde.
-Comezón del corazón-
Me tumbo en el tibio lecho
y en la mente tú: lánguido
ácaro maternal que succiona
toda posible tranquilidad.
Luego el sueño... deshabitado.
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