martes, 15 de abril de 2008

Línea 3

Cuando el tren se detiene
el deseo torna indecisa
una sombra que se desvanece.

–pusilánime–

Sueño
una piel que se dibuja entre
mis dedos, castas cintas azules
trenzadas en bíceps morenos.

Nunca
me sentí más vivo. Mustio
me abandono al juego, sabiendo
que después morderé mis labios.

–Iluso–

Mejor es que ahogues ese
dócil sueño en el bolsillo.
Un par de monedas,
y ya estás jugándote la vida.

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