A Antonio Trejo González
Tengo sueños que el mundo ignora...
y tú los sabes.
Me viste surgir entre máscaras
que camuflaban mis gestos.
Mi beso era un falso verso
escrito en tu mejilla.
Hoy que me conoces descalzo,
sin las sandalias de plata
fabricadas desde la infancia,
no me lamento ante tus ojos,
bellos son mis gritos.
Aquí estoy, con los hilos
de sangre reventando en mis venas.
Vestido sutilmente de mi diferencia,
bebiendo del pozo de mi naturaleza
y con los brazos dormidos de tanto
abrazarnos tan fuerte.
Yo, que no soy piedra, sino camino que cruzan al pasar los pies desnudos, muero de amor por todos ellos; les doy mi cuerpo para que lo pisen, aunque les lleve a una ambición o una nube, sin que ninguno comprenda que ambiciones o nubes no valen un amor que se entrega. Luis Cernuda.
viernes, 29 de mayo de 2009
A mi madre dormida
Ya tus brazos no me esperan.
Diez meses de ausencia
que esta noche son diez años.
Hoy que me siento tan
vulnerable a tu recuerdo
te veo sentada en el viejo
sillón con el gancho entre
los dedos, con un ojo más
pequeño que el otro
y tu cabello enmarañado.
Yo, el siempre solitario,
el más joven de tus vástagos
y el más viejo para renacer
una vez más.
Qué tu recuerdo me consuele
en mi desvelo donde escucho
al perro correr con la fuerza
de un epiléptico y me regocijo
ante su felicidad.
Diez meses de ausencia
que esta noche son diez años.
Hoy que me siento tan
vulnerable a tu recuerdo
te veo sentada en el viejo
sillón con el gancho entre
los dedos, con un ojo más
pequeño que el otro
y tu cabello enmarañado.
Yo, el siempre solitario,
el más joven de tus vástagos
y el más viejo para renacer
una vez más.
Qué tu recuerdo me consuele
en mi desvelo donde escucho
al perro correr con la fuerza
de un epiléptico y me regocijo
ante su felicidad.
El otro sueño (Oakland afternoon)
Te veo recostado
y la palidez del día
nublado se desvanece
abriendo la jaula
donde mis fantasmas
duermen el ligero
sueño del estar
enamorado.
y la palidez del día
nublado se desvanece
abriendo la jaula
donde mis fantasmas
duermen el ligero
sueño del estar
enamorado.
jueves, 28 de mayo de 2009
Pensando en ti
Escribo y percibo, describo y persigo
al desfile del silencio que me aturde.
En la cama deshecha los plieges
se cubren de un aniñado espanto.
Tu cuerpo era mi esperanza
y aferrándome a la pluma
amodorro el insomnio en el húmedo
tintero de mi negra desesperación.
al desfile del silencio que me aturde.
En la cama deshecha los plieges
se cubren de un aniñado espanto.
Tu cuerpo era mi esperanza
y aferrándome a la pluma
amodorro el insomnio en el húmedo
tintero de mi negra desesperación.
domingo, 24 de mayo de 2009
Invectiva
A S. G.
Dices No con tu silencio
y vas por las calles
arrastrando indecifrables
nombres. Te entregas
por un guiño como alguna
vez lo hice y ya no lloro
tu ausencia porque aprendí
a lamerme las heridas
como los perros.
Dices No con tu silencio
y vas por las calles
arrastrando indecifrables
nombres. Te entregas
por un guiño como alguna
vez lo hice y ya no lloro
tu ausencia porque aprendí
a lamerme las heridas
como los perros.
La canción del sonámbulo
Los besos dados se asemejan a charcos
de lluvia en la tácita boca fragmentada
que no pronuncia mi nombre para no blandir
la embustera navaja entre sus labios.
Boca que devoró mis sueños no soñados:
amante austero fuera de la mente.
Dia y noche esa boca es despertada
por la erecta lengua incontrolable
que se muerde a sí misma para no
deletrearme y los dientes tiritan
de ganas el sabor del inconcluso
encuentro hasta romperse.
Memoria descoyuntada, penetrada
por la intención de llegar hasta
el poema que nunca termina de escribirse.
Poema nacido de una penetración que
se recuerda por siempre y que regresa
una, otra y otra vez tomando al amante
ahora solo.
Añoranza de las noches en las que la luna
era blanca sábana sobre los cuerpos aún
adheridos entre sí y que el alba ladrona
se llevaba besandonos la frente... cuerpos
inhertes después del fin de un último duelo
entre nosotros:
hermanos del turbio amor.
de lluvia en la tácita boca fragmentada
que no pronuncia mi nombre para no blandir
la embustera navaja entre sus labios.
Boca que devoró mis sueños no soñados:
amante austero fuera de la mente.
Dia y noche esa boca es despertada
por la erecta lengua incontrolable
que se muerde a sí misma para no
deletrearme y los dientes tiritan
de ganas el sabor del inconcluso
encuentro hasta romperse.
Memoria descoyuntada, penetrada
por la intención de llegar hasta
el poema que nunca termina de escribirse.
Poema nacido de una penetración que
se recuerda por siempre y que regresa
una, otra y otra vez tomando al amante
ahora solo.
Añoranza de las noches en las que la luna
era blanca sábana sobre los cuerpos aún
adheridos entre sí y que el alba ladrona
se llevaba besandonos la frente... cuerpos
inhertes después del fin de un último duelo
entre nosotros:
hermanos del turbio amor.
Larvas
A los trabajadores del STUNAM
Los has visto?
Son como larvas regodeándose
al masticar el cuerpo de su madre
moribunda:
ladrones abyectos a los que saludo
por los largos pasillos con el rostro
manchado de verguenza.
Y no comprendo por qué siento
que el aire pesa tanto en este campus
donde vendo lo único que no poseo.
Los has visto?
Son como larvas regodeándose
al masticar el cuerpo de su madre
moribunda:
ladrones abyectos a los que saludo
por los largos pasillos con el rostro
manchado de verguenza.
Y no comprendo por qué siento
que el aire pesa tanto en este campus
donde vendo lo único que no poseo.
martes, 12 de mayo de 2009
El enamorado
Tus labios: voluptuoso prensar
que indemne me lleva hasta el
umbral de un manso día azulino
donde ya no espero más,
donde el lecho ya no es cruz
y el fallido intento por saltar
enganchando a la ventana
de un castillo hecho jirones
ya no escande mis versos.
Hoy sueño con tus ojos
silencios que me aman,
con tu nevada sonrisa que
palia la distancia entre
tu cuerpo y el mío.
Me estremezco si pienso
en tus dedos que bullen
como abejas en mi pecho
y la risa vuela alto
si a mi lado te encuentro.
que indemne me lleva hasta el
umbral de un manso día azulino
donde ya no espero más,
donde el lecho ya no es cruz
y el fallido intento por saltar
enganchando a la ventana
de un castillo hecho jirones
ya no escande mis versos.
Hoy sueño con tus ojos
silencios que me aman,
con tu nevada sonrisa que
palia la distancia entre
tu cuerpo y el mío.
Me estremezco si pienso
en tus dedos que bullen
como abejas en mi pecho
y la risa vuela alto
si a mi lado te encuentro.
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