Fue el "embrollo del amor" que nos llevó a esa primer conversación.
Los míos eran días dedicados a la búsqueda de una posible esperanza
o quizá sólo el pretexto para escuchar otra voz que no fuera la mía.
Desbocados seguimos nuestro instinto hacie donde fuere, y henos aquí,
después de tres inviernos y tus ojos, míralos, siguen igual de hermosos,
en un traje de baile que yo les construyo un aviario para poblarlo con
mis besos.
Yo, que no soy piedra, sino camino que cruzan al pasar los pies desnudos, muero de amor por todos ellos; les doy mi cuerpo para que lo pisen, aunque les lleve a una ambición o una nube, sin que ninguno comprenda que ambiciones o nubes no valen un amor que se entrega. Luis Cernuda.
lunes, 10 de enero de 2011
Dos chicas:
una de ellas me regala sus mejor mueca burlona
mientras parece preguntarse quién demonios soy
para sentarme frente a ella y cuestionar su nombre.
Me ignora una vez pero no me ofendo.
Logro ver sus argentados aparatos de ortodoncia,
las capas de chillante maquillaje cubriendo su rostro
casi intacto de acné adolescente, las uñas pintadas
como una puerta corroida por el tiempo.
Finalmente sonrie y me reconozco en ella:
niños asustados en eterno duelo con el mundo,
la posesión de una confusa rebeldía
que chorrea como un sorbete sobre las ropas
en un dia soleado.
La otra sólo tiene un nombre extraño.
una de ellas me regala sus mejor mueca burlona
mientras parece preguntarse quién demonios soy
para sentarme frente a ella y cuestionar su nombre.
Me ignora una vez pero no me ofendo.
Logro ver sus argentados aparatos de ortodoncia,
las capas de chillante maquillaje cubriendo su rostro
casi intacto de acné adolescente, las uñas pintadas
como una puerta corroida por el tiempo.
Finalmente sonrie y me reconozco en ella:
niños asustados en eterno duelo con el mundo,
la posesión de una confusa rebeldía
que chorrea como un sorbete sobre las ropas
en un dia soleado.
La otra sólo tiene un nombre extraño.
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