lunes, 10 de enero de 2011

Tres inviernos

Fue el "embrollo del amor" que nos llevó a esa primer conversación.
Los míos eran días dedicados a la búsqueda de una posible esperanza
o quizá sólo el pretexto para escuchar otra voz que no fuera la mía.

Desbocados seguimos nuestro instinto hacie donde fuere, y henos aquí,
después de tres inviernos y tus ojos, míralos, siguen igual de hermosos,
en un traje de baile que yo les construyo un aviario para poblarlo con
mis besos.
Dos chicas:
una de ellas me regala sus mejor mueca burlona
mientras parece preguntarse quién demonios soy
para sentarme frente a ella y cuestionar su nombre.

Me ignora una vez pero no me ofendo.
Logro ver sus argentados aparatos de ortodoncia,
las capas de chillante maquillaje cubriendo su rostro
casi intacto de acné adolescente, las uñas pintadas
como una puerta corroida por el tiempo.

Finalmente sonrie y me reconozco en ella:
niños asustados en eterno duelo con el mundo,
la posesión de una confusa rebeldía
que chorrea como un sorbete sobre las ropas
en un dia soleado.



La otra sólo tiene un nombre extraño.
Tus pasos ya cansados,
la tristeza alojándose
en tu cuerpo diminuto.

Deja recordarte así:
un rostro enrojecido
y humedos los ojos.