La osadía entre sus manos
entrega en un sobre cerrado
todo aquello que habla de ellos
pero que al mismo tiempo dice nada.
Luego esperan a que su nombre
aparezca en el segundo libro de la vida
para ser felizmente engrandecidos
por un año.
Yo, que no soy piedra, sino camino que cruzan al pasar los pies desnudos, muero de amor por todos ellos; les doy mi cuerpo para que lo pisen, aunque les lleve a una ambición o una nube, sin que ninguno comprenda que ambiciones o nubes no valen un amor que se entrega. Luis Cernuda.
jueves, 27 de mayo de 2010
miércoles, 12 de mayo de 2010
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