jueves, 4 de agosto de 2011

A L. S. D.

Te debo una noche dedicada a una amistad ya de tiempo iniciada.
Te debo un carrusel veneciano en la alameda, las burbujas de jabón,
el olor noctámbulo de las "vestidas" y las carcajadas que nunca tuvimos.

Tu histeria anestesiada por la luna y ese apetito de amar, que te pisa
los talones, simpatizan con las ganas de regresar a una inocencia
que en mí no duro más de nueve años.

Dos chacales se abrazan

Faquires fallidos, verdugos insensibles
llamando al amor.
Losca e impávida su piel, enjutos
los brazos con marcas de cortadas.
Cabezas a medio rapar y el pelo
de un rubio chillante.

Fieles a un San Judas Tadeo
que inmóvil en sus brazos los observa.
Se abrazan, se besuquean, y el hedor
del tóxico en sus bocas los desclava
de la realidad por un instante.