jueves, 17 de abril de 2008

Viernes, siempre viernes

Si la mudez del nocturno deseo no puede dormir
en la cama deshecha de tus labios, dejadme pues
desaparecer en viernes, entre los débiles insomnes
que con foulard atado al cuello, merodeando buscan
alivio en el mercado de las manos nerviosas.
Adornando sus cuerpos, rotos por el hedor taciturno
de unos ojos imberbes que embriagados se atrevieron
a probar el ajenjo de sus bocas.

1 comentario:

Pável dijo...

Me gustaría ser normal y salir a bailar los viernes, en lugar de deprimirme y pensar en cosas tan fastidiosas como mi futuro, mi vocación. O peor aún, el amor.

Debería comprarme más camisitas, pantaloncitos, abrirme un par de botones para lucir mi pecho y ponerme zapatos.

Un día me voy a poner a corear los éxitos de moda mientras me tomo fotos con mis amigos, mientras me tomo una chela. O dos. Mejor tres.

Y después de eso, voy a encontrar al amor de mi vida en una barra, y el siguiente fin de semana estaré listo para conquistar un amor nuevo, porque el otro, después de un acostón express ya jamás llamó.

Viéndolo bien estoy mejor con mi mejor amigo, mis libros, mi abstinencia de alcohol y mis ganas de encontrar a mi Príncipe en la sección de pastas en el Súpermercado.

Soñemos que los viernes no duelen y comamos pasta. Ñomi.