sábado, 28 de marzo de 2009

El no saber nadar

Yo no sé nadar, pero
tengo en los brazos
el cuerpo del mar.
Tiene ojos de nube,
rostro de martillo
y pies de flor.

Yo no sé nadar, pero
he logrado escuchar
que entre sueños
insistente me llama.

Dice que viene por mí
porque ha encontrado
en mi espalda la marca
de sus olas, que quiere
contarme la fábula
de los amantes.

Mas yo no sé nadar y
golpeo los pies contra
el asfalto de mi floja
seguridad.

Aun así el mar me llama.
Dice que tomará mi mano
rogando a la marea que
anude su apetito y todo
será firme como el suelo
donde bailo descalzo.

¡Qué podré decir entonces:
hermano mar. Yo, que pisoteo
al río con el que sueño!

Lengua... háblame

Titubeante lengua, no respondes.
Toda cosa me parece un insulto
a la poesía que alguna vez fue
salvadora de mis días.

Seducido por el Ego que endulza
mis manos con engaños y vuelve
lerda la escritura voy hacia la nada,
arrastrando los pies, colmado
de ideas amorfas que me toman
por doquier para decirme:"entra,
te esperábamos"

Tengo miedo, miedo de no regresar,
miedo de perderme entre los brazos
de la pedante banalidad de un asenso
o un par de billetes más entre los dedos.

Así que abofeteo a la retótica si trato
de resucitarla reclamando lo que es mío,
porque no hay tregua entre este odio-amor
que me llama cain traidor.

Y espero mi barca no naufrague en el mar
del tedio donde desear es carnada noche y día.

lunes, 16 de marzo de 2009

El amante espera

Sí, se ha ido. Hoy no veo
su refinado juego de sueños
colgando detrás de mi puerta.

El aire me amodorra del amor
y voy hacia la Moleskine
que junto a la rechinante
cama, leal me espera.

Corrijo unos versos.
No hay desdicha en mi ojos.
Regresará para posarse
a mi lado. Continuaremos
el viaje hacia Litherial.

Esta es sólo otra poesía
que acicala el tiritante
egocentrismo de mi oralidad.

sábado, 14 de marzo de 2009

Despedida perruna

Mi padre no me habla,
sólo en ti confíaba
y tú ya no estás.
Sólo quedan los restos
de tus magras heces
junto a los guantes
rojos de goma que
ya no se usarán.

El atroz remordimiento
nos devora el rostro
pensando que debimos
dejarte en esa tibia
caja de cartón.
Y tú, que fuiste fiel
en el amor, lamías
mis manos con la
angustía de no saber
cuándo llegaría tu día.

viernes, 13 de marzo de 2009

Lírico infantilismo

I
Escribo
sobre un cuerpo
ya cansado
por la excesiva
inmovilidad.

II
Después
de sentir el sabor
de tu carne en el borde
de la cama, con letras de obsidiana
orlé tu nombre a mi manojo de venas.

III
Amo
sólo a aquellos
que al igual que yo son pobres
de alma. Sin infancia de niño burgués,
jugando con lodo o con los lánguidos
flancos del mejor amigo.
Fui Mercurio camuflado de marica
con alas de gallina, cuando mis versos
aún rechazaban la insana flor
de la monotonía.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Encuentro del autor con un muchacho inexperto

Por qué eres tímido al andar, joven de obscenos labios,
aún no es tarde para pensar en el torcido amor de dos.
Asustado por la gracia del imberbe ombligo, enamorado
de tu igual, sudoriento te derramas en el lecho si caminas
sobre un mar en celo arrojando peces por doquier.

Qué me travista la noche. Negando tu presencia nombre
ignoto eres, como el hijo bastardo de Génesis y Apocalipsis.
Mortal de alma podrida soy, enfermo marinero de tus pasos.

¡Qué me travista la noche…
engatusado por los besos del inacabable tiempo!

lunes, 9 de marzo de 2009

Érase una vez... un príncipe.

A Tulen K.

Sempiterno augur de mis días:
amo al príncipe ojos de fuego.
Lo amo mientras duerme
y la fálica comezón insomne
de su sexo juguetea en mis muslos.
Lo amo con su cándida niñez
disfrazada de madres que vienen y van.
Lo amo regodeándome en el cinismo
si carga funesto equipaje a mitad de la noche.

Yo, que iconoclasta fui del amor,
abandoné el cuerpo en la sala de vapor,
gateando busqué la longitud de su nombre.
Y ahora lo palpo en una memorable mañana,
cuando sonríe y me atrapa enrodillándose a mí
que le quita el sueño a mi pecho de pájaro.
Y parece que mi juventud renace con su beso
amordazando al sueño que inquieto me tenía.
¡Ay, y qué ojos los suyos!

viernes, 6 de marzo de 2009

Nocturno I

Yo maté por unos ojos de un bello indiferente
que nunca comprendió mi contenido amor…

Jean Genet.

Dejando atrás las palabras, maldije el poder salvador de la poesía.
Salí en busca del calmo placer que lento anestesiara mi apetencia
y en cuartos rentados fui botín de guerra del joven piel vidriosa,
consumido por la mordida de un amor que moría junto a las sábanas.
Así que esta noche regreso atragantado por la voluptuosidad del cuerpo
ya inexperto. Derrotado, contando a los que me aman con los tres
temblantes dedos de una mano.

¡Oh furtividad de los perennes días! No te olvides de tus fieles aliados:
los que nacimos mirando hacia el cielo, diestros, prestos al matadero,
hijos pródigos de una hoja en blanco que burlona nos abre los brazos.