Nuevamente acudo a ti, tundida
memoria de los días de mi vida.
Ahora que lejos ya estoy del amor
furtivo, distante de la cándida sala
de vapor, distante de la seguridad
del cuarto obscuro donde el nitrito
amílico acariciaba las fosas nasales.
Porque esta noche, semejante
a un susurro llegaste ante la puerta
del antiguo deseo. Y rasguñando
tu rostro de madre escribo al sensual
talle de un joven que lento
seguí entre la sofocante niebla.
Renací en el nido de tu boca,
vi la vida pasar frente a tu bostezo,
fuiste un hada que vestía de escamas,
el roce de un ave con las alas petrificadas.
A ti este último poema ondeando en el
mástil de mis noches de insomnio, a ti:
pugilista que sigues dibujando corazones
con la negra tiza de tu cuerpo.
A mí… en la osadía de querer calzar
tus zapatos bajo la lluvia.
Yo, que no soy piedra, sino camino que cruzan al pasar los pies desnudos, muero de amor por todos ellos; les doy mi cuerpo para que lo pisen, aunque les lleve a una ambición o una nube, sin que ninguno comprenda que ambiciones o nubes no valen un amor que se entrega. Luis Cernuda.
miércoles, 23 de julio de 2008
martes, 22 de julio de 2008
Fleur du male
Duele mirar mis negros ojos frente al espejo
mientras un extraño de manos suaves dice
saber cuándo fue la última vez que dormí
abrazado a mi histeria y sus espasmos.
Las palmas manchadas de presagios, prendidas
a esos oscuros tallos que son mis cabellos.
La nuca ensalivada con tres rimas moribundas.
Un tibio arnés de armiño pesando en mi espalda.
Mi madre dice que estoy mal alimentado… ojeroso.
Yo digo que es el invierno – y es que odio tener
que cubrir el cuerpo en una ciudad que se consume
en la boca de los tragafuegos–
Busco la paz que da la melancolía acercando
el polen obsceno de mi miedo a sus labios.
Él lo escupe una vez más en mi pecho
porque sabe que no lo merece.
mientras un extraño de manos suaves dice
saber cuándo fue la última vez que dormí
abrazado a mi histeria y sus espasmos.
Las palmas manchadas de presagios, prendidas
a esos oscuros tallos que son mis cabellos.
La nuca ensalivada con tres rimas moribundas.
Un tibio arnés de armiño pesando en mi espalda.
Mi madre dice que estoy mal alimentado… ojeroso.
Yo digo que es el invierno – y es que odio tener
que cubrir el cuerpo en una ciudad que se consume
en la boca de los tragafuegos–
Busco la paz que da la melancolía acercando
el polen obsceno de mi miedo a sus labios.
Él lo escupe una vez más en mi pecho
porque sabe que no lo merece.
Este silencio
Niño de limpia mirada: sólo tú sabes
por qué este llanto entre las manos.
Ángel de la tragedia, aún te reconozco.
Ladrón que llegas en medio de la noche,
es mi lengua quien te ha abierto la puerta.
Absorto, inerme estoy ante esta lucha
que son tus ojos.
No pude salvarte del crimen incierto
en el que me he convertido.
Ni espero más tu espada seduciendo
mi garganta.
En tu coraza herrumbrosa, mi estéril
cuerpo ya se camufla con el tuyo.
por qué este llanto entre las manos.
Ángel de la tragedia, aún te reconozco.
Ladrón que llegas en medio de la noche,
es mi lengua quien te ha abierto la puerta.
Absorto, inerme estoy ante esta lucha
que son tus ojos.
No pude salvarte del crimen incierto
en el que me he convertido.
Ni espero más tu espada seduciendo
mi garganta.
En tu coraza herrumbrosa, mi estéril
cuerpo ya se camufla con el tuyo.
domingo, 6 de julio de 2008
Aparición de San Sebastián
Ven
cálida
noche
alma
colmada
de intentos
Ven
libera
estos
pájaros
de mi cabeza
Ven
ahora que
el cuerpo
es la gota de sangre
en el puñal del asesino.
cálida
noche
alma
colmada
de intentos
Ven
libera
estos
pájaros
de mi cabeza
Ven
ahora que
el cuerpo
es la gota de sangre
en el puñal del asesino.
Obituario
Yo fui.
Columna ardiente, luna de primavera ,
Mar dorado, ojos grandes.
Luis Cernuda
Niño de escasas palabras,
soñé con el amor desde el segundo grado.
Siete años y ya escribía terribles frases,
mirada perdida en la brevedad de su boca.
¿Amor? “Discurso de maricas”.
Y por primera vez un golpe me supo dulce.
Pero mi hombría no la aprendí en batallas,
me la obsequió la noche, sus estrellas, Tú.
Melancolía: me has envilecido.
Embriagado por el lento beso de la ilusión
escribo a funestos ojos marchitos,
a unos pies desnudos y a blancos mosaicos.
Cuerpo frío como un cadáver,
sé que aún llevas tristeza a los que te aman.
En el recuerdo eres lo más bello. Lánguido
apareciste en un día de junio. Sí… fuiste junio.
Hoy, no es el amor quien muere,
es tu sangre que tiñe plumaje de palomas,
son tus huesos que palpan otros cuerpos,
eres tú, buitre solitario, roedor de ti mismo.
Columna ardiente, luna de primavera ,
Mar dorado, ojos grandes.
Luis Cernuda
Niño de escasas palabras,
soñé con el amor desde el segundo grado.
Siete años y ya escribía terribles frases,
mirada perdida en la brevedad de su boca.
¿Amor? “Discurso de maricas”.
Y por primera vez un golpe me supo dulce.
Pero mi hombría no la aprendí en batallas,
me la obsequió la noche, sus estrellas, Tú.
Melancolía: me has envilecido.
Embriagado por el lento beso de la ilusión
escribo a funestos ojos marchitos,
a unos pies desnudos y a blancos mosaicos.
Cuerpo frío como un cadáver,
sé que aún llevas tristeza a los que te aman.
En el recuerdo eres lo más bello. Lánguido
apareciste en un día de junio. Sí… fuiste junio.
Hoy, no es el amor quien muere,
es tu sangre que tiñe plumaje de palomas,
son tus huesos que palpan otros cuerpos,
eres tú, buitre solitario, roedor de ti mismo.
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