Mientras dormías
quise robar tu sueño al alba:
huir con el cuerpo desnudo
hacia desiertos de sombras.
Leer tu nombre
en la punta de la lengua.
Amamantar los deseos
de mi viaje imaginario.
Pero tu sueño
era un remordimiento.
Pesado como una perla
en un lecho de pestañas.
El alba sonrió,
tenía ese brillo insolente:
“jamás lo poseerás,
basta que abra los ojos”.
Ahora duermo de pie
descifrando arcanos al viento,
cegado por los espejos
que escondo entre las uñas.
Soy vigía
de un péndulo sonámbulo.
En vano hiero a la noche
con el alma y pies en celo.
En vano
te busco en pálidos vientres.
Porque perdí la brújula
que apunta a tus lunares.
Mientras dormías.
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