La bruma que despierta
se enreda en los pies.
Una roca encallada
como el puño cerrado
en un manubrio.
Evocaciones infantiles
juegan a esconderse
detrás del cementerio,
de una vieja gasolinería,
de una iglesia...
Todo parece intacto,
fijo por un instante
al momento del arribo.
Y de pronto, la bruma
ya te besa la espalda.
Yo, que no soy piedra, sino camino que cruzan al pasar los pies desnudos, muero de amor por todos ellos; les doy mi cuerpo para que lo pisen, aunque les lleve a una ambición o una nube, sin que ninguno comprenda que ambiciones o nubes no valen un amor que se entrega. Luis Cernuda.
miércoles, 29 de julio de 2009
martes, 28 de julio de 2009
Tres imágenes californianas
I
San Diego
Imberbe estío, henchido de voluptuosidades:
Sudorosos entes abatidos en la inasible arena.
¡Áureo es el sol que iracundo los sodomiza!
Insinuante jubileo de pálidos torsos desnudos
bajo una estática legión de esquivas palmeras.
Desde el auto las señales son el verde telón
de un escenario que se encenderá de noche:
-Pacific beach Mission Beach Ocean Beach-.
II
Dolores Park
Y la imagen se repite:
Jactancioso cúmulo de cuerpos dispersos,
tumbados como después de una masacre.
Gays, Yuppies, Junkies, Dealers, Homeless.
¡Hay un cielo vestido de impronunciable azul!
Un perro corre, elegantemente, tras el frisbee
mientras su dueño guiña un ojo a su amante.
¡Hay un par de chicos buscando algo de acción
y unos novios que discuten la última separación!
Así es San Francisco: sin pretensiones se exhibe
como un par de piernas abiertas.
III
Mission St.
El cine porno abierto a los mendigos que vienen y van.
Olor a sudor… penetrante.
La calle es mercado de lenguas y piel.
El chicle multicolor, adherido al asfalto,
se asemeja al confeti de una eterna fiesta.
Los escupitajos minas cristalinas
que los transeúntes explotan a su paso:
Mugre somnolienta, como los sueños perdidos.
San Diego
Imberbe estío, henchido de voluptuosidades:
Sudorosos entes abatidos en la inasible arena.
¡Áureo es el sol que iracundo los sodomiza!
Insinuante jubileo de pálidos torsos desnudos
bajo una estática legión de esquivas palmeras.
Desde el auto las señales son el verde telón
de un escenario que se encenderá de noche:
-Pacific beach Mission Beach Ocean Beach-.
II
Dolores Park
Y la imagen se repite:
Jactancioso cúmulo de cuerpos dispersos,
tumbados como después de una masacre.
Gays, Yuppies, Junkies, Dealers, Homeless.
¡Hay un cielo vestido de impronunciable azul!
Un perro corre, elegantemente, tras el frisbee
mientras su dueño guiña un ojo a su amante.
¡Hay un par de chicos buscando algo de acción
y unos novios que discuten la última separación!
Así es San Francisco: sin pretensiones se exhibe
como un par de piernas abiertas.
III
Mission St.
El cine porno abierto a los mendigos que vienen y van.
Olor a sudor… penetrante.
La calle es mercado de lenguas y piel.
El chicle multicolor, adherido al asfalto,
se asemeja al confeti de una eterna fiesta.
Los escupitajos minas cristalinas
que los transeúntes explotan a su paso:
Mugre somnolienta, como los sueños perdidos.
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