He quemado mis pies calzando
el plácido fuego de tus pasos.
Cálidos como un nido, sueños
adolescentes se desploman.
Chorros blanquecinos olvidados
en amargas oquedades.
Y ahora ya no puedo traducir
nuestra historia malsana.
Me cansé de esperar en cuartos
atestados de ciegos.
Mejor es que no me busques
el alma porque no tengo.
Ya nada me liga a ti: rumor
de un encuentro demacrado.
Salvo mis labios en la mortaja
de tu extinta epilepsia nocturnal
Yo, que no soy piedra, sino camino que cruzan al pasar los pies desnudos, muero de amor por todos ellos; les doy mi cuerpo para que lo pisen, aunque les lleve a una ambición o una nube, sin que ninguno comprenda que ambiciones o nubes no valen un amor que se entrega. Luis Cernuda.
domingo, 27 de abril de 2008
78 palabras
A Saúl Gurrola.
Niño–fuego:
insolentes ojos
de lunas destructoras.
Cuerpos ahorcados
se balancean en tus
oscuros cabellos.
Mírate, eres cascabel
que abrasa serpientes
perfumadas.
Labios bermejos
cual carbón encendido.
El aguijón de una araña.
Te llevo en el pecho
bailando ligero tu canción
entre flores sangrantes.
Miré arder tus ojos.
Temblaron mis manos
al abrir el secreto.
Niño–herido:
Hombros machacados
por lo innombrable.
San Sebastián
arrancó sus flechas
y te dio un último beso.
Niño–fuego:
insolentes ojos
de lunas destructoras.
Cuerpos ahorcados
se balancean en tus
oscuros cabellos.
Mírate, eres cascabel
que abrasa serpientes
perfumadas.
Labios bermejos
cual carbón encendido.
El aguijón de una araña.
Te llevo en el pecho
bailando ligero tu canción
entre flores sangrantes.
Miré arder tus ojos.
Temblaron mis manos
al abrir el secreto.
Niño–herido:
Hombros machacados
por lo innombrable.
San Sebastián
arrancó sus flechas
y te dio un último beso.
jueves, 17 de abril de 2008
Viernes, siempre viernes
Si la mudez del nocturno deseo no puede dormir
en la cama deshecha de tus labios, dejadme pues
desaparecer en viernes, entre los débiles insomnes
que con foulard atado al cuello, merodeando buscan
alivio en el mercado de las manos nerviosas.
Adornando sus cuerpos, rotos por el hedor taciturno
de unos ojos imberbes que embriagados se atrevieron
a probar el ajenjo de sus bocas.
en la cama deshecha de tus labios, dejadme pues
desaparecer en viernes, entre los débiles insomnes
que con foulard atado al cuello, merodeando buscan
alivio en el mercado de las manos nerviosas.
Adornando sus cuerpos, rotos por el hedor taciturno
de unos ojos imberbes que embriagados se atrevieron
a probar el ajenjo de sus bocas.
miércoles, 16 de abril de 2008
La rebelión de Narciso
A Ken Martin.
Tengo envidia de ti
de tu puta flexibilidad
de tu equivocación entre el verbo ser y estar
de tu leche deslactosada en el cereal
de tu voz cuando me cantas
de tu par de tenis sucios y gastados
de tu hernia moribunda
de tu antiguo número telefónico
de tu acento sin acento
de todos y cada uno de tus mapas
de tu boca sorbiendo el café
de tu juego perdido de llaves
de tu pecho esperando mi cabeza
de tu crema líquida en los pies
de tu última micción outdoors
de tu foto que nunca me enviarás
de tu incansable máquina de afeitar.
Tengo envidia de no ser tú
y tu camiseta con el blanco olor del semen
tu reloj que se atrasa un par de horas
tu accidentado paseo en bicicleta.
Tengo envidia de ti, de no ser tú y no saber
cómo escribirte, sin que me tiemble la mano.
Tengo envidia de ti
de tu puta flexibilidad
de tu equivocación entre el verbo ser y estar
de tu leche deslactosada en el cereal
de tu voz cuando me cantas
de tu par de tenis sucios y gastados
de tu hernia moribunda
de tu antiguo número telefónico
de tu acento sin acento
de todos y cada uno de tus mapas
de tu boca sorbiendo el café
de tu juego perdido de llaves
de tu pecho esperando mi cabeza
de tu crema líquida en los pies
de tu última micción outdoors
de tu foto que nunca me enviarás
de tu incansable máquina de afeitar.
Tengo envidia de no ser tú
y tu camiseta con el blanco olor del semen
tu reloj que se atrasa un par de horas
tu accidentado paseo en bicicleta.
Tengo envidia de ti, de no ser tú y no saber
cómo escribirte, sin que me tiemble la mano.
martes, 15 de abril de 2008
Lo incompatible
I
La ausencia de tus flancos
trepana el tuétano
de mis noches insomnes.
Húmeda mordaza
la melancolía.
Espalda macilenta
cual begonia de hojas
acorazonadas.
II
Tus flancos
begonia de hojas
insomnes.
Cual macilenta mordaza
la melancolía trepana
el tuétano de mi espalda.
Ausencia húmeda
noches acorazonadas.
La ausencia de tus flancos
trepana el tuétano
de mis noches insomnes.
Húmeda mordaza
la melancolía.
Espalda macilenta
cual begonia de hojas
acorazonadas.
II
Tus flancos
begonia de hojas
insomnes.
Cual macilenta mordaza
la melancolía trepana
el tuétano de mi espalda.
Ausencia húmeda
noches acorazonadas.
Heme aquí... desnudo
Ahora que mi fe camina lenta
atada a la soga de otros ojos,
rechazo a aquel que me hace
ofertas.
Los pasos, vacíos de sus rasgos,
no van hacia donde me espera.
Pues el amor se ha vuelto pobre…
y se lastima.
Mas no hay tristeza en mi boca
y de mi fresca saliva emerge
tu nombre como ese pez
de piel satinada.
Sabes que empalidezco de día,
que ando con el torso desnudo
y la nariz sangrante bajo una lluvia
de contradicciones.
Y me amas…
Tuyos son mis versos,
quizá mal logrados pero tuyos.
atada a la soga de otros ojos,
rechazo a aquel que me hace
ofertas.
Los pasos, vacíos de sus rasgos,
no van hacia donde me espera.
Pues el amor se ha vuelto pobre…
y se lastima.
Mas no hay tristeza en mi boca
y de mi fresca saliva emerge
tu nombre como ese pez
de piel satinada.
Sabes que empalidezco de día,
que ando con el torso desnudo
y la nariz sangrante bajo una lluvia
de contradicciones.
Y me amas…
Tuyos son mis versos,
quizá mal logrados pero tuyos.
Anatomía de un sueño provocado
Que la ausencia no nos haga caer
en el abismo oscilante del olvido
y el eco de mi voz sea solamente
la sombra de un caduco recuerdo.
Eres tú el de hermosa sonrisa,
el que arrastra su lengua entre
mis dientes borrando las huellas
del espanto.
¡Oh, esta noche ven a mí a través
de las sábanas, despierta al sueño
que provoca esas punzadas
en el bajo vientre!
Descalzo llévame a tu isla viril
donde al llegar me despojas
de la quemante camiseta.
Que tus dedos se vuelvan ávidos
aguijones y se claven todos
en mi espalda morena
humillando a la belleza del amanecer
con las huellas de una última lucha
entre dos cuerpos iguales.
en el abismo oscilante del olvido
y el eco de mi voz sea solamente
la sombra de un caduco recuerdo.
Eres tú el de hermosa sonrisa,
el que arrastra su lengua entre
mis dientes borrando las huellas
del espanto.
¡Oh, esta noche ven a mí a través
de las sábanas, despierta al sueño
que provoca esas punzadas
en el bajo vientre!
Descalzo llévame a tu isla viril
donde al llegar me despojas
de la quemante camiseta.
Que tus dedos se vuelvan ávidos
aguijones y se claven todos
en mi espalda morena
humillando a la belleza del amanecer
con las huellas de una última lucha
entre dos cuerpos iguales.
Línea 3
Cuando el tren se detiene
el deseo torna indecisa
una sombra que se desvanece.
–pusilánime–
Sueño
una piel que se dibuja entre
mis dedos, castas cintas azules
trenzadas en bíceps morenos.
Nunca
me sentí más vivo. Mustio
me abandono al juego, sabiendo
que después morderé mis labios.
–Iluso–
Mejor es que ahogues ese
dócil sueño en el bolsillo.
Un par de monedas,
y ya estás jugándote la vida.
el deseo torna indecisa
una sombra que se desvanece.
–pusilánime–
Sueño
una piel que se dibuja entre
mis dedos, castas cintas azules
trenzadas en bíceps morenos.
Nunca
me sentí más vivo. Mustio
me abandono al juego, sabiendo
que después morderé mis labios.
–Iluso–
Mejor es que ahogues ese
dócil sueño en el bolsillo.
Un par de monedas,
y ya estás jugándote la vida.
Licénidos
Entre paredes revestidas de mujer
un par de mancebos acalla su fiebre.
La casta puerta cerrada prensando
el tiempo. Arrogante, inacabable.
Sobre un buró, relojes contemplan
fascinados los versos apenas leídos,
ahora atrapados en los maternales
pliegues de las sábanas.
Él decía: “Me gusta ese silbido”
–era el afilador de cuchillos–
Él decía: “yo soy ausencia
en presencia... un fantasma”.
Sus voces descoloridas colgaban
de las blancas cortinas hechiceras.
Y el viento más fresco escribía
en sus frentes mensajes indescifrables.
La tarde entró sin avisar, rozando
la ciudad con un sol casi otoñal.
Cogieron sus ropas y enjuagaron
sus cuerpos delante de los perros.
Al despedirse intercambiaron
guiños abriendo los brazos.
Y por primera vez, la poesía
dejo que la vida la observara.
Su nombre es Ken… Kenneth.
Del de pestañas profundas
nada sé.
un par de mancebos acalla su fiebre.
La casta puerta cerrada prensando
el tiempo. Arrogante, inacabable.
Sobre un buró, relojes contemplan
fascinados los versos apenas leídos,
ahora atrapados en los maternales
pliegues de las sábanas.
Él decía: “Me gusta ese silbido”
–era el afilador de cuchillos–
Él decía: “yo soy ausencia
en presencia... un fantasma”.
Sus voces descoloridas colgaban
de las blancas cortinas hechiceras.
Y el viento más fresco escribía
en sus frentes mensajes indescifrables.
La tarde entró sin avisar, rozando
la ciudad con un sol casi otoñal.
Cogieron sus ropas y enjuagaron
sus cuerpos delante de los perros.
Al despedirse intercambiaron
guiños abriendo los brazos.
Y por primera vez, la poesía
dejo que la vida la observara.
Su nombre es Ken… Kenneth.
Del de pestañas profundas
nada sé.
A Dario Bellezza
Inútil maldecir tu ausencia
ahora que te conozco.
Y el grato vagar estéril
que proclama infortunios.
Tú, que amaste tempestades,
te apareces en mi cabecera.
Con las manos tendidas al aire
besas mi frente ceñida de ti.
Yo, que aún duermo con muertos,
quisiera abrasar las noches,
cuando detrás de esa puerta
en silencio te esperaba
ahora que te conozco.
Y el grato vagar estéril
que proclama infortunios.
Tú, que amaste tempestades,
te apareces en mi cabecera.
Con las manos tendidas al aire
besas mi frente ceñida de ti.
Yo, que aún duermo con muertos,
quisiera abrasar las noches,
cuando detrás de esa puerta
en silencio te esperaba
Baños Finisterre
A Luis Roberto Vera.
Negras moscas coronan un trozo
de carne tendido en mármol.
Nudo de miembros y cuerpos gastados
me acaricia desesperado.
Lasciva Babel se levanta ante un Dios
que ya no hace milagros.
Las puertas se abren y su sonido
atormenta todos mis impulsos.
En el rostro, el sudor disfraza el
llanto de una ingenua adhesión.
Miro el cuerpo desnudo y la cicatriz
de cuando caí de puro amor.
Entre la cálida niebla leo mis nostalgias
como si fuera en braille.
Frente al espejo empañado, el corazón
es bermejo puño cerrado.
Con los pies cansados busco consuelo
en ambientes clandestinos.
Con manos vacías me abandono
en un cuarto de mosaicos blancos.
Soy hambriento mendigo que halla
tu dulce mirada entre despojos.
Apenas cubierto por una burda tela,
henchido de Penna me encuentro
en la blancura del urinario.
Negras moscas coronan un trozo
de carne tendido en mármol.
Nudo de miembros y cuerpos gastados
me acaricia desesperado.
Lasciva Babel se levanta ante un Dios
que ya no hace milagros.
Las puertas se abren y su sonido
atormenta todos mis impulsos.
En el rostro, el sudor disfraza el
llanto de una ingenua adhesión.
Miro el cuerpo desnudo y la cicatriz
de cuando caí de puro amor.
Entre la cálida niebla leo mis nostalgias
como si fuera en braille.
Frente al espejo empañado, el corazón
es bermejo puño cerrado.
Con los pies cansados busco consuelo
en ambientes clandestinos.
Con manos vacías me abandono
en un cuarto de mosaicos blancos.
Soy hambriento mendigo que halla
tu dulce mirada entre despojos.
Apenas cubierto por una burda tela,
henchido de Penna me encuentro
en la blancura del urinario.
Viaje circular (lo que queda del sueño)
Mientras dormías
quise robar tu sueño al alba:
huir con el cuerpo desnudo
hacia desiertos de sombras.
Leer tu nombre
en la punta de la lengua.
Amamantar los deseos
de mi viaje imaginario.
Pero tu sueño
era un remordimiento.
Pesado como una perla
en un lecho de pestañas.
El alba sonrió,
tenía ese brillo insolente:
“jamás lo poseerás,
basta que abra los ojos”.
Ahora duermo de pie
descifrando arcanos al viento,
cegado por los espejos
que escondo entre las uñas.
Soy vigía
de un péndulo sonámbulo.
En vano hiero a la noche
con el alma y pies en celo.
En vano
te busco en pálidos vientres.
Porque perdí la brújula
que apunta a tus lunares.
Mientras dormías.
quise robar tu sueño al alba:
huir con el cuerpo desnudo
hacia desiertos de sombras.
Leer tu nombre
en la punta de la lengua.
Amamantar los deseos
de mi viaje imaginario.
Pero tu sueño
era un remordimiento.
Pesado como una perla
en un lecho de pestañas.
El alba sonrió,
tenía ese brillo insolente:
“jamás lo poseerás,
basta que abra los ojos”.
Ahora duermo de pie
descifrando arcanos al viento,
cegado por los espejos
que escondo entre las uñas.
Soy vigía
de un péndulo sonámbulo.
En vano hiero a la noche
con el alma y pies en celo.
En vano
te busco en pálidos vientres.
Porque perdí la brújula
que apunta a tus lunares.
Mientras dormías.
Ganancias y pérdidas
Porque mi padre fue Caín
ella espantada se sonroja.
Porque duermo con Cavafis
y un puñal bajo la almohada.
Porque creo en la quiromancia
de un joven rostro sin ojos.
Porque de noche el insomnio
me arrulla con voz de varón.
Porque el furor del Apocalipsis
camina conmigo de la mano.
Porque en esta ciudad de nubes
odiosamente blancas soy poeta.
Si beberme el Tíber se asemeja
a fundirme en tu saliva, abriré
hoy mi boca de neonato en
busca de la tibia aureola materna.
ella espantada se sonroja.
Porque duermo con Cavafis
y un puñal bajo la almohada.
Porque creo en la quiromancia
de un joven rostro sin ojos.
Porque de noche el insomnio
me arrulla con voz de varón.
Porque el furor del Apocalipsis
camina conmigo de la mano.
Porque en esta ciudad de nubes
odiosamente blancas soy poeta.
Si beberme el Tíber se asemeja
a fundirme en tu saliva, abriré
hoy mi boca de neonato en
busca de la tibia aureola materna.
Twins
A S. R.
Te miro de lejos…
bajo la perfección de una regadera
que insanamente me consuela.
Siento tus pasos, semejantes al grito
estridente de un par de tambores.
En tu cuello, soldado, presumes amorfo
collar de tibias perlas viscosas.
Y me revelo en tus palmas, cuando hastiado
te acercas: chaval ojos de fiebre.
Pronuncias palabras y de tu inerte boca
emana el acedo olor a tragedia.
Blancas sandalias manchan mosaicos
con el fango del amor no correspondido.
Historia de tus días es lapidar con besos
el flotante lecho a los hijos de Sodoma.
Tienes treintaitrés…
¿Y sabes qué me da más miedo?
Que tengas mi nombre.
Te miro de lejos…
bajo la perfección de una regadera
que insanamente me consuela.
Siento tus pasos, semejantes al grito
estridente de un par de tambores.
En tu cuello, soldado, presumes amorfo
collar de tibias perlas viscosas.
Y me revelo en tus palmas, cuando hastiado
te acercas: chaval ojos de fiebre.
Pronuncias palabras y de tu inerte boca
emana el acedo olor a tragedia.
Blancas sandalias manchan mosaicos
con el fango del amor no correspondido.
Historia de tus días es lapidar con besos
el flotante lecho a los hijos de Sodoma.
Tienes treintaitrés…
¿Y sabes qué me da más miedo?
Que tengas mi nombre.
Memento
Arrojaré tu recuerdo
como el mendigo arroja la flema
que duerme en su garganta.
Recogeré los restos
de mi naufragio y levantaré
mis grandes ojos una vez más.
Esta tarde llueve,
en tu nombre vendí el corazón
a un joven carnicero.
A cambio me dio flores...
flores blancas.
como el mendigo arroja la flema
que duerme en su garganta.
Recogeré los restos
de mi naufragio y levantaré
mis grandes ojos una vez más.
Esta tarde llueve,
en tu nombre vendí el corazón
a un joven carnicero.
A cambio me dio flores...
flores blancas.
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