Ahora que mi fe camina lenta
atada a la soga de otros ojos,
rechazo a aquel que me hace
ofertas.
Los pasos, vacíos de sus rasgos,
no van hacia donde me espera.
Pues el amor se ha vuelto pobre…
y se lastima.
Mas no hay tristeza en mi boca
y de mi fresca saliva emerge
tu nombre como ese pez
de piel satinada.
Sabes que empalidezco de día,
que ando con el torso desnudo
y la nariz sangrante bajo una lluvia
de contradicciones.
Y me amas…
Tuyos son mis versos,
quizá mal logrados pero tuyos.
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