sábado, 28 de marzo de 2009

El no saber nadar

Yo no sé nadar, pero
tengo en los brazos
el cuerpo del mar.
Tiene ojos de nube,
rostro de martillo
y pies de flor.

Yo no sé nadar, pero
he logrado escuchar
que entre sueños
insistente me llama.

Dice que viene por mí
porque ha encontrado
en mi espalda la marca
de sus olas, que quiere
contarme la fábula
de los amantes.

Mas yo no sé nadar y
golpeo los pies contra
el asfalto de mi floja
seguridad.

Aun así el mar me llama.
Dice que tomará mi mano
rogando a la marea que
anude su apetito y todo
será firme como el suelo
donde bailo descalzo.

¡Qué podré decir entonces:
hermano mar. Yo, que pisoteo
al río con el que sueño!

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