sábado, 14 de marzo de 2009

Despedida perruna

Mi padre no me habla,
sólo en ti confíaba
y tú ya no estás.
Sólo quedan los restos
de tus magras heces
junto a los guantes
rojos de goma que
ya no se usarán.

El atroz remordimiento
nos devora el rostro
pensando que debimos
dejarte en esa tibia
caja de cartón.
Y tú, que fuiste fiel
en el amor, lamías
mis manos con la
angustía de no saber
cuándo llegaría tu día.

No hay comentarios: