Por qué eres tímido al andar, joven de obscenos labios,
aún no es tarde para pensar en el torcido amor de dos.
Asustado por la gracia del imberbe ombligo, enamorado
de tu igual, sudoriento te derramas en el lecho si caminas
sobre un mar en celo arrojando peces por doquier.
Qué me travista la noche. Negando tu presencia nombre
ignoto eres, como el hijo bastardo de Génesis y Apocalipsis.
Mortal de alma podrida soy, enfermo marinero de tus pasos.
¡Qué me travista la noche…
engatusado por los besos del inacabable tiempo!
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