lunes, 9 de marzo de 2009

Érase una vez... un príncipe.

A Tulen K.

Sempiterno augur de mis días:
amo al príncipe ojos de fuego.
Lo amo mientras duerme
y la fálica comezón insomne
de su sexo juguetea en mis muslos.
Lo amo con su cándida niñez
disfrazada de madres que vienen y van.
Lo amo regodeándome en el cinismo
si carga funesto equipaje a mitad de la noche.

Yo, que iconoclasta fui del amor,
abandoné el cuerpo en la sala de vapor,
gateando busqué la longitud de su nombre.
Y ahora lo palpo en una memorable mañana,
cuando sonríe y me atrapa enrodillándose a mí
que le quita el sueño a mi pecho de pájaro.
Y parece que mi juventud renace con su beso
amordazando al sueño que inquieto me tenía.
¡Ay, y qué ojos los suyos!

No hay comentarios: