viernes, 16 de enero de 2009

Línea A

Mi verdugo tiene un cuerpo breve,
la piel teñida con los besos del sol,
mirada de estatua.

Cuello revestido con cintas azules:
escapularios empapados de sudor
después de un largo día.

Gracioso aparecio entre la multitud.
En sus grandes ojos tiene mi signo,
vive con esta lepra.

Un vagón preñado de vendedores,
falsas mercancias y la luna atestiguan
nuestro trato. Casto.

No decimos palabras, cada gesto
es una confesión. ¡Percibo el dulce
olor de su carne!

Soy semejante a un huerfano sin
su hermano mayor. En mi roído cuerpo
vive el amor.

Pero mi amor no vale un giño
de ese extraño que roza la mano
de otro cuerpo igual al suyo.

Me olvido de Cernuda, de Withman
y Cavafis. Lamo versos falsos
en cortos y negros cabellos.

Se acercó para atormentar
a mis fantasmas y ahora ruego
que no descienda... Cuervo-niño.

Llego a casa, aún siento sus pesadas
manos sobre mis ropas, mientras
mi madre pregunta si ya cené.

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