Dijiste que aún me amabas.
Yo, sigiloso, amordazaba
con mi mudez la boca locuaz
del afilado recuerdo.
Tuve en mis manos tus sueños
que machaqué cual fruto entre
los dientes.
-Pecado nefando para el ego
de nuestra tambaleante seguridad-.
y tú me dabas esa mirada
que ya no me decía mucho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario