Te conozco desde que entre sueños te aludía
y hoy duermes en esta habitación, semejante
al titán que regresa de un viaje emprendido
desde la nada. Imponente varón de rasgos
humildemente bellos, yaces entre lámparas
de pies ligeros.
¡Oh marinero de ojos voluptuosos, perdido
estoy en el tiempo de mi obstiando afán
por amarte! Contemplando las erectas velas
azuladas de tu barco anclado en mí hace apenas
un instante, cuando éramos sólo uno en la carne
y tenía el doble prepucio de tu lengua.
Ensanchaba la respiración... Lento el orgasmo
llegaba a mi cuerpo y te despedía con espasmos.
Tú, aún te movías como pez entre la suave red
tratando de regresar a la mar de mis adentros.
Encerrabas tu gemido y yo escuchaba los pasos
de la portera abrirse hacia la realidad de la
plácida calle que nos contemplaba ya desnudos.
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