Yo, que no soy piedra, sino camino que cruzan al pasar los pies desnudos, muero de amor por todos ellos; les doy mi cuerpo para que lo pisen, aunque les lleve a una ambición o una nube, sin que ninguno comprenda que ambiciones o nubes no valen un amor que se entrega. Luis Cernuda.
jueves, 25 de septiembre de 2008
domingo, 21 de septiembre de 2008
Presencia
Qué hay detrás de tu sonrisa, ciclista que alargas las horas,
si apocado me alojo en la morada extranjera de tus ojos
cuando de noche hambriento ejecutor soy de mí mismo
y el viento de octubre escribe las vocales de tu nombre.
Vertical deseo es tener el cuerpo lívido en tu almohada
que de cama en cama doy empastillado hasta en el sueño.
Pero tú… sólo hablas del tiempo, y yo no pienso sino en
el temblar de tus muslos. Mas si sonríes larga es la noche
delante de ti ciclista y más larga la agonía de amanecer
abrazado a tu sexo.
si apocado me alojo en la morada extranjera de tus ojos
cuando de noche hambriento ejecutor soy de mí mismo
y el viento de octubre escribe las vocales de tu nombre.
Vertical deseo es tener el cuerpo lívido en tu almohada
que de cama en cama doy empastillado hasta en el sueño.
Pero tú… sólo hablas del tiempo, y yo no pienso sino en
el temblar de tus muslos. Mas si sonríes larga es la noche
delante de ti ciclista y más larga la agonía de amanecer
abrazado a tu sexo.
lunes, 15 de septiembre de 2008
Con los días contados
¿Recuerdas agosto? Aguardabas paciente mi llegada.
Dijiste "feliz cumpleaños... te compré flores".
Herido sobre el techo de mi lengua,
vienes de entre fantasmas a posarte.
Ahora que liviano verdugo eres de mí
y la torcida necesidad de poseerte
no es más que una canción de cuna
engatusada por el tedio .
En cambio yo, ejercito el cuerpo,
lo regalo a todo aquel que sienta
en el alma un grito e incendio
la ciudad con la mirada, buscando
al nuevo nombre que enjaulado
estará en la furia de mis versos.
Dijiste "feliz cumpleaños... te compré flores".
Herido sobre el techo de mi lengua,
vienes de entre fantasmas a posarte.
Ahora que liviano verdugo eres de mí
y la torcida necesidad de poseerte
no es más que una canción de cuna
engatusada por el tedio .
En cambio yo, ejercito el cuerpo,
lo regalo a todo aquel que sienta
en el alma un grito e incendio
la ciudad con la mirada, buscando
al nuevo nombre que enjaulado
estará en la furia de mis versos.
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