Maniquí
en Chanel
me dijo:
"Sergio;
Qué desastre".
Yo, que no soy piedra, sino camino que cruzan al pasar los pies desnudos, muero de amor por todos ellos; les doy mi cuerpo para que lo pisen, aunque les lleve a una ambición o una nube, sin que ninguno comprenda que ambiciones o nubes no valen un amor que se entrega. Luis Cernuda.
viernes, 30 de mayo de 2008
lunes, 19 de mayo de 2008
La libido de los ciegos (Saúl y yo)
Palpando la delgadez de un cuerpo nuevo
damos el tiro de gracia a la estéril
virilidad de la esperanza.
Los dedos del amante en nuestras bocas,
sus labios adorando el fiel espectro
del acné adolescente.
Sentados a media noche con los ojos en blanco.
Heridos por las piedras que arrojamos al espejo
hace un instante.
Sin esperar el tren que nos llevará a casa.
Respirando el aire salado de otro invierno
que nos entibia los huesos.
Y te pregunto: hermano.
Qué tienes más vacio... el estomago o el alma.
damos el tiro de gracia a la estéril
virilidad de la esperanza.
Los dedos del amante en nuestras bocas,
sus labios adorando el fiel espectro
del acné adolescente.
Sentados a media noche con los ojos en blanco.
Heridos por las piedras que arrojamos al espejo
hace un instante.
Sin esperar el tren que nos llevará a casa.
Respirando el aire salado de otro invierno
que nos entibia los huesos.
Y te pregunto: hermano.
Qué tienes más vacio... el estomago o el alma.
lunes, 12 de mayo de 2008
Nocturno I
Yo maté por unos ojos de un bello indiferente
que nunca comprendió mi contenido amor…
Jean Genet.
Dejando atrás las palabras, maldije el poder salvador de la poesía.
Salí en busca del calmo placer que lento anestesiara mi apetencia
y en cuartos rentados fui botín de guerra del joven piel vidriosa,
consumido por la mordida de un amor que moría junto a las sábanas.
Así que esta noche regreso atragantado por la voluptuosidad del cuerpo
ya inexperto. Derrotado, contando a los que me aman con los tres
temblantes dedos de una mano.
¡Oh furtividad de los perennes días! No te olvides de tus fieles aliados:
los que nacimos mirando hacia el cielo, diestros, prestos al matadero,
hijos pródigos de una hoja en blanco que burlona nos abre los brazos.
que nunca comprendió mi contenido amor…
Jean Genet.
Dejando atrás las palabras, maldije el poder salvador de la poesía.
Salí en busca del calmo placer que lento anestesiara mi apetencia
y en cuartos rentados fui botín de guerra del joven piel vidriosa,
consumido por la mordida de un amor que moría junto a las sábanas.
Así que esta noche regreso atragantado por la voluptuosidad del cuerpo
ya inexperto. Derrotado, contando a los que me aman con los tres
temblantes dedos de una mano.
¡Oh furtividad de los perennes días! No te olvides de tus fieles aliados:
los que nacimos mirando hacia el cielo, diestros, prestos al matadero,
hijos pródigos de una hoja en blanco que burlona nos abre los brazos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)