Yo creí en la fatalidad de tu mirada
y en el tosco infierno que al tratar
de convencerte me esperaba.
Eras hermoso. Tumbado en el mármol,
encogido como un cachorro. El húmedo
pelo sobre tus hombros. Árida tu barba
guardando la distancia entre tus labios
cual perezoso ejército de negros soldados.
Pero al despertar cometiste el peor
de los crímenes. Fuiste tonto al acercarte
y rozar mi falo en tu mejilla...
porque entonces tus erguidas falanges fueron
dorados terciopelos cubriendo un par
espuelas y el cielo cayó sobre mi cabeza
mientras San Miguel Arcangel peleaba mi
cuerpo con Satán.