Me recito a Cernuda
porque esta noche sólo un poeta
puede entender mi necesidad
de recurrir al insomnio.
Pende del techo una lámpara
que si cayera sobre mí
sería una enorme diente de león
deshojada por el viento.
Te imagino calzando un par de Keens
y en mis ojos la gracia de tu cuerpo
Tu tibia espalda, y es forma de caminar
entre infatil y ligera.
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