Hoy mi estado me lleva a la conclusión
de que estoy atrapado en un embrollo
que se hace llamar miedo
y vuelo en el aire de esta ciudad
protegido por el recuerdo de los días
en los que escribía una vana poesía,
caminando lento para no llegar a casa
e impregnarme del olor de la noche.
Mansamente dejaba la vida en las manos
de los sentidos. Volvía a mi genesis
donde la existencia era sólo el pretexto
a la escritura y el consuelo
de la grafoterapia automedicada
cortejaba las ganas de explorarme
minuciosamente hasta saciarme.
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