Falto de todo sentido, sólo la memoria se alía.
Mas la memoria ya no distingue magia de milagro
e irrumpe en mi cráneo, partiéndolo... golpeando
su peso que emula al del báculo de Moises
sobre el mar Rojo.
Y ya confeso, escribo que me embelesan los locos:
los que locos están por vivir, locos por balbucear
las primeras palabras después de un colapso,
ansiosos de la misma cosa al mismo tiempo,
aquellos que apretujan sus bocas ante la
presencia de un censurado bostezo
y arden y arden como cirios en un altar
dedicado a la noche.
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