Every story has its chapter in the desert...
Richard Siken
Eramos los únicos corriendo por las calles.
¿Escapábamos de algo?
¿De alguien?
Fugitivos frente a las montañas que solemnes
nos miraban, esperando acaso la señal que desfloraría
la tranquilidad de ese lugar serenamente
hermoso como un joven cadáver ahogado en un lago.
Bajo el sol brunas mariposas travestidas
de cuervos nos daban la bienvenida
revoloteando sobre nuestras sombras.
La gravedad de mis pasos retumbaba sobre
las piedras polvorientas, anunciando
el arrastre de recuerdos de ese alguien
que no era yo o tú sino el de la nariz
sangrante.
Había un frío medio tibio y todo
ahí parecía más lento, incluyendo el agua
imbebible, o casi, que bajaba al grifo
del cuarto de hotel donde un par de vasos
desechables envueltos en plástico nos esperaban.
El aire soplaba una canción de cuna
al viejo tren abandonado,
a las débiles miradas o a los
sueños atrapados que nos vieron
huir a medio día.
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