Qué sabes tú de mí
si cuando me besas
enroscas la lengua
y cerrando los ojos
me tocas el pecho.
Tus manos tiemblan
por no sentir
el pulso de una
carne viva.
Qué sabes tú de mí
si cuando te leo
mis versos sólo
tuerces la boca
y sonries cansado
de fingir que sabes
del juego del amor.
¡Me largo!
Tienes la flojedad
en la carne y luego
vas a casa a llorar
tu castrada diferencia.
Decías que me amabas
y desapareciste como
el maleante que se
traviste de madre
antes de entregarse.
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