Dádiva otoñal.
Infecto gañido de una agrietada
poesía que se sabe víctima ruin
estacionaria.
Ensortijada flojera.
Brisa inasible balbuceada
al aire.
"Bang-bang"
el reloj de la razón.
"Tic-Tac"
el retórico revólver.
¡Me largo!
Sólo estoy buitreando
el condumio de los bardos.
Y que caiga sobre mí
-poetastro-
el poema como un vieja
losa desde el salobre
cielo nuboso.
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