sábado, 10 de octubre de 2009

lecciones de natación

Te recordaré hasta que el último
de mis suspiros se despida de mí:
sumerción bien amada que das paz
al corazón.
En la niñez te temía como al peor
de los monstruos y hacia un aire
intangible se erguía mi deseo.

Entonces fue el amor que hoy
quizo iniciarme en su dócil
técnica de supervivencia bajo una
superficie cubierta de frágiles
lozas azuladas.

Y no es sólo el silencio
acuoso quien me arrulla
como esa madre que he extrañado
en estos días.
La quietud del lugar o los rasgos
de un cielo que se acicala sobre
el espejo de agua,

Es la línea de luz que procede
de su cuerpo luminoso.
Su cándida presencia,
las manos suaves
que sostienen mi cuerpo
y me mantienen a flote.
La sonrisa de complicidad
que ya tiene la humedad
de un beso.

1 comentario:

Lum Bres dijo...

Hola, chaparro! Me gustó, sólo un detalle, otra vez un acento donde, según yo, no va.
Saludos y abrazos.