¡Ojos beduinos, apenas una puerta lejos de las abominaciones!
A mi lado están, radiantes como el sol primaveral que gravita
alrededor de esta vulgar resolución.
Fieles al vagón, me vencen en el umbral del alba compañera.
-Retardo para los días destinados a mi acalambrada retórica-
Ahora pueden ir a casa, vivir o morir para los otros...
Inmortales ya son para mí: atusado remedo de poeta.
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