La ambulancia se detiene.
Los chavos se abalanzan
como gatos hacia ella
rogando a ese dios
pálido y estridente
que salve al hermano
intoxicado por pastillas
o quizá por la luz
centelleante que exibe
como en la pantalla
de un cine la última
escena de una película
mal enfocada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario