domingo, 30 de agosto de 2009

A Joel

Tenemos en el alma el soplo de una ventisca
triste y solitaria.
Reímos a regañadientes mostrando la pérfida
congoja que nos carcome hasta los huesos.


Tu y yo somos todos.

Bendita la hora del juicio llevado a cabo
en la sala de vapor que nos ve llorar
a carcajadas el amor, los amores, atrás dejados
y las erecciones provocadas por algún joven
cubierto de acné, enjuto como perro
callejero, no durán al paso del tiempo
que nos estruja el cuello.
Si pensamos que el afán de los débiles
nómada es en el comercio
de la estabilidad, donde pasamos lista:
puntuales pupilos en la tibia escuela
de la infelicidad.

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