La bruma que despierta
se enreda en los pies.
Una roca encallada
como el puño cerrado
en un manubrio.
Evocaciones infantiles
juegan a esconderse
detrás del cementerio,
de una vieja gasolinería,
de una iglesia...
Todo parece intacto,
fijo por un instante
al momento del arribo.
Y de pronto, la bruma
ya te besa la espalda.
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