¡Cuántas veces tu cuerpo ha encendido mi deseo!
Ninguna distracción te abandona de la mente
y arde mi añoranza por ti mirándome desnudo.
Mi corazón tímido era: un ojo detrás de la mirilla.
Pero hoy de tu saliva bebo el sensual nectar.
Y si la lluvia se estrella en mi ventana
te recuerdo erguido, al igual que la pluma entre mis dedos,
y tu sexo suave narciso es entre mis labios.
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