A Antonio Trejo González
Tengo sueños que el mundo ignora...
y tú los sabes.
Me viste surgir entre máscaras
que camuflaban mis gestos.
Mi beso era un falso verso
escrito en tu mejilla.
Hoy que me conoces descalzo,
sin las sandalias de plata
fabricadas desde la infancia,
no me lamento ante tus ojos,
bellos son mis gritos.
Aquí estoy, con los hilos
de sangre reventando en mis venas.
Vestido sutilmente de mi diferencia,
bebiendo del pozo de mi naturaleza
y con los brazos dormidos de tanto
abrazarnos tan fuerte.
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