A Albertina.
Hoy ya no eres la misma.
Y sin embargo, duermes
eterizada sobre un frío
lecho argentado.
La mirada perdida…
más brillante que nunca.
El sexo afeitado…
más brillante que nunca.
Un par de agujas tratando
de seducir tu sueño.
La baba en tu boca,
y en la mía.
Siento haber sido débil
mientras miraba sordo
tu cuerpo entre los otros.
Y tú que aún duermes
Con la forma de mi rostro
vertiste gotas de sangre
en un sendero sin musgo.
No hay palabras.
Esta noche roba mi sueños
porque esa estrella bermeja
entre tus muslos me dijo
lo frágil que eres.
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