miércoles, 25 de febrero de 2009

Línea 3

Cuando el tren se detiene
la ciudad torna indecisa
una sombra que se desvanece.

–pusilánime–

Sueño
una piel dibujada entre los dedos:
castas cintas azules trenzadas
en bíceps morenos.

Nunca
me sentí más vivo. Mustio
me abandono al juego, sabiendo
que después morderé mis labios.

–Iluso–

Mejor es que ahogue ese
dócil sueño en el bolsillo.
Un par de monedas y ya estoy
jugándome la vida.

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