Lloraré tu ausencia
en la escalera de caracol.
Caminando en ese anden
que lleva a ninguna parte.
Al beber un recuerdo escarpado
en el salón de té de la Roma.
Manoseando lo irreversible
entre piedras volcánicas y maleza.
A tientas buscaré tu piel de noche
llamando a Onán con otro nombre.
Al pensar que el sol que fue robado
no era sino tu sonrisa… jovencísima.
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